sábado, 19 de septiembre de 2026

"Vuelve la bestia amarilla", por Yitzhak Laor, escritor israelí, autor, entre otros libros de poesía y ensayo, de "Las falacias del sionismo progresista" (Bellaterra, 2012)

 

 Unionsverlag - Yitzhak Laor

Yitzhak Laor, 25/10/09

El autor de este artículo es novelista, poeta y crítico literario. Yitzhak Laor es un ciudadano israelí que lleva mucho tiempo criticando la colonización de Palestina. Es, entre otras obras, autor del libro El nuevo filosemitismo europeo y el campo de la paz en Israel, publicado por la editorial La Fabrique en 2007. Ha aceptado compartir con nosotros su visión de lo que vendrá tras el 7 de octubre en este texto.

[el artículo se publicó en Agences Media Palestine y fue reproducido por la Union Juive Française pour la Paix © Dirk Skiba]

1. Escribo estas líneas el 16 de septiembre de 2025, mientras el genocidio en la Franja de Gaza sigue perpetrándose con una crueldad que nosotros, los israelíes, no conocíamos. En estos momentos, el epicentro del horror es Gaza, su destrucción mediante aviones y tanques, las operaciones de masacres y expulsiones, una ciudad antigua con una rica historia. Entre otras cosas, el museo que conservaba su historia antigua con vestigios de numerosas generaciones ha sido arrasado. Los nazis alemanes no llegaron a arrasar una gran ciudad; ni siquiera Varsovia, tras la represión del levantamiento polaco, sufrió lo que está sufriendo Gaza hoy.

2. Hablar del número de muertos palestinos resulta difícil, ya que aumenta cada noche. Actualmente, desde el 7 de octubre de 2023, su número asciende a 64 905, de una población de 2,1 millones de habitantes. Se estima que decenas de miles de muertos más se encuentran bajo los escombros o han sido arrasados por las excavadoras israelíes. El número de heridos asciende a 164 926. Aproximadamente un tercio de los fallecidos son niños, y el número de familias completamente aniquiladas no se ha contabilizado aquí. Gaza es el lugar del mundo con mayor número de personas con amputaciones de extremidades.

3. La destrucción de edificios abarca la mayoría de las viviendas de la Franja de Gaza, la mayor parte de los hospitales, las mezquitas, una enorme parte de los manantiales y pozos de agua, los centros comunitarios, las universidades y las escuelas. Cualquier informe de la ONU puede proporcionarle datos sobre la destrucción de la Franja de Gaza y su transformación en una futura «Riviera ». Europa Occidental ha aceptado la «erradicación de Hamás», lo que significa la destrucción total de la Franja y un genocidio.

4. En julio de 2025, el mayor número de muertos se registró en los puntos de distribución de alimentos. La gente sabía que tenía muchas posibilidades de morir bajo el fuego de los proyectiles dirigidos a esos puntos de distribución, pero aun así hacía cola y huía presa del pánico ante la artillería. Los servicios de inteligencia israelíes, con sus sofisticados programas informáticos, identificaban a «miembros de Hamás» entre quienes esperaban comida, por lo que se permitía matar a personas hambrientas. Los agentes de inteligencia —una unidad gigantesca y sofisticada— son muy admirados en Israel, al igual que los pilotos. Y son los peores asesinos, que reciben enormes sumas de dinero por cada día de reserva.

Desde hace dos años, están en la reserva, bombardean y, entre un bombardeo y otro, siguen trabajando en «El Al» [la línea aérea israelí] con un sueldo elevado, transportando a israelíes felices a París o Londres y de vuelta, para luego volver a bombardear, a cambio de mucho dinero.

5. Un piloto que se hace llamar «birdman» en la red social X escribió el 6 de septiembre de 2025 a sus seguidores, en pleno apogeo de la masacre en Gaza: «Acabo de volver de una comida familiar tras un largo periodo sin vernos. Mi hermana, muy comprometida con las protestas de las familias de los rehenes, no pudo contenerse más de una hora y me preguntó cómo podía volver a partir la semana que viene para otras misiones cuando existe la posibilidad de que, esta vez o la próxima, mueran rehenes, y eso me pese en la conciencia. Yo, que suelo intentar no entrar en este tema, y menos aún con la familia, le respondí que ella me conoce y sabe que, si me hubiera cargado en la conciencia cada una de las consecuencias de las misiones en las que he participado (y son muchas), no habría podido seguir haciendo lo que hago. «¡Pues recházalo!», me espetó. Mi padre se levantó y dijo, con su conocida y rotunda calma: «En esta mesa no se pronunciará la palabra “rechazo”. Y si no te conviene sentarte junto a tu hermano, ven a sentarte a mi lado, hasta que te calmes». Cuando llegó el postre, quedamos en volver a vernos, cuando vuelva la semana que viene, y así podremos hablar. Esperemos que sea posible». Así es, en pocas palabras, la historia de la clase media ashkenazí en Israel.

6. La hermana sensible, que al parecer participa en las manifestaciones de las familias de los rehenes, le dijo durante la comida: «Recházalo». Fuera, en las manifestaciones por los rehenes, está prohibido exhibir pancartas a favor del rechazo, y está prohibido hablar de las víctimas palestinas. Son manifestaciones antigubernamentales, «contra Bibi». Ni siquiera la hermana dijo una palabra sobre la suerte de los palestinos a los que su hermano iba a masacrar en masa.

7. Este tuit contiene todos los elementos de la historia del gran silencio de la clase media ashkenazí hegemónica, supuestamente opuesta a Netanyahu, y que recibe palmaditas en la espalda de Occidente gracias a los reportajes televisivos sobre «las manifestaciones contra la guerra».

8. No existe ni una sola comunidad de la clase media (protegida contra los despidos —el ámbito médico, académico y jurídico—) que haya alzado la voz contra el exterminio de los palestinos. Lo que se ve en la televisión son manifestaciones contra el Gobierno por el tema de «los rehenes». Esta es la verdad sobre el silencio en Israel. La clase media participa en el aniquilamiento con su silencio, su conformismo y su vida cómoda.

9. Las cuatro cadenas de televisión no informan sobre los horrores de Gaza, pero se pueden ver canales extranjeros o leer «Haaretz». La mayoría de los israelíes, aunque odien a Netanyahu, apoyan al ejército, y si salen a la calle, es sobre todo por los rehenes y… por el juicio a Netanyahu por corrupción. Ni una palabra contra el ejército o los pilotos.

10. La cuestión de los rehenes ilustra bien el proceso de toma de conciencia del imaginario colectivo israelí.

11. Al principio, inmediatamente después del 7 de octubre, la preocupación por los rehenes era auténtica y generalizada. La gente estaba conmocionada, convencida de que Israel aceptaría un acuerdo. Pero el ejército y el Gobierno pensaban de otra manera. Una parte de los rehenes regresó en un intercambio; otros fueron asesinados entretanto, principalmente por los bombardeos israelíes, y algunos ejecutados por sus secuestradores. Otros, en cambio, fueron devueltos en un estado aceptable, teniendo en cuenta la situación de la población que los rodeaba.

12. Pero poco a poco, el trauma se ha convertido en un cliché, en parte de lo «bien sabido» (a todos nos preocupan los rehenes). Los comentaristas deportivos desean a los telespectadores «el regreso de los rehenes» al final de cada partido. La gente lleva el símbolo amarillo, también se coloca en los coches, y la televisión habla sin cesar de los rehenes.

13. No cabe duda de que una parte de la gente es muy sincera en su preocupación. Pero los rehenes se han convertido en la frontera entre la humanidad y la nada, entre «los nuestros» y los demás. Por supuesto, no existe ninguna memoria histórica de los secuestros o intentos de secuestro de israelíes (como medio para conseguir la liberación de presos palestinos). Al igual que no existe ninguna historia del conflicto con Gaza.

14. Nadie habla de los presos palestinos en las cárceles israelíes, cuya situación empeora entre enfermedades y hambruna. El número de presos políticos (a los que Israel denomina «presos de seguridad») ascendía en julio de 2025 a 10 762. Desde el inicio de la invasión de Gaza, 73 presos han fallecido en las cárceles y en los centros de detención y tortura del ejército. En esos campos de tortura había médicos del sistema sanitario. A 2 800 presos se les negó la atención médica durante una epidemia de sarna, al igual que a otros miles que padecían enfermedades intestinales en los centros de detención. Nada llega a la conciencia pública. Todo queda oculto tras «nuestra preocupación por nuestros rehenes» o «nuestros soldados».

15. Este es el proceso del 7 de octubre. Al principio, el impacto fue inmenso y sigue marcando la narrativa hasta hoy, incluso en este mismo informe. Murieron 1 250 israelíes y algunos trabajadores tailandeses. Unos 5.400 heridos. 250 capturados o secuestrados. A día de hoy, 48 rehenes siguen en manos de Hamás, de los cuales 20 seguirían con vida. Las cifras de muertos en cautiverio varían. De eso hablaba, con auténtico dolor, la hermana de Birdman durante aquella pequeña cena burguesa con postre.

16. El movimiento de protesta contra Netanyahu, surgido a raíz de sus proyectos de reforma judicial, se ha convertido en un movimiento a favor de la guerra. Incluso los pilotos que amenazaban con negarse a volar si cambiaba la composición del Tribunal Supremo siguen bombardeando Gaza y cometiendo crímenes de guerra.

17. En cierto momento, al igual que con la cuestión de los rehenes, el 7 de octubre se ha convertido en un símbolo, el punto de partida para explicar «en qué punto nos encontramos». «Todo empezó el 7 de octubre». Y los opositores a Netanyahu gritan: «Es culpa suya». » No es culpa suya, cuando antes del 7 de octubre coreaban, en las gigantescas manifestaciones «por la democracia», que «la ocupación puede esperar».

18. Se necesitaría una organización como un Estado (o una izquierda organizada y poderosa, que hace tiempo que ya no existe en Israel) para transformar las emociones espontáneas —duelo, venganza, dolor, histeria, pánico— en una postura política «evidente».

19. Los judíos de Israel no tienen memoria histórica, salvo aquella que el Estado convierte en memoria histórica. Así, en poco tiempo, el 7 de octubre ha pasado de ser un trauma a convertirse en un símbolo.

20. El próximo octubre, al cumplirse dos años de las atrocidades, habrá enfrentamientos. Por un lado, el Estado y sus ceremonias. Por otro, los opositores a Bibi y las familias que rechazarán su presencia o la de sus ministros en sus conmemoraciones. «Es culpa suya» seguirá siendo el lema favorito de los anti-Bibi durante la guerra. Ni una palabra contra el ejército. La muerte masiva de los habitantes de Gaza solo será conmemorada por un pequeño grupo de opositores al genocidio: un movimiento que crece lentamente, con muchas mujeres organizadoras y muchísimos jóvenes, en comparación con el inicio de la guerra, así como grupos de WhatsApp que difunden información traducida desde Gaza. Importante: un equipo cada vez más numeroso documenta la destrucción y el exterminio para la generación futura, para que sepa exactamente lo que hicieron sus padres.

21. ¿Qué es lo que los israelíes no han conseguido recordar? Que desde 2004, cuando Israel preparó el cierre de Gaza como un gueto y la retirada de sus tropas, hasta el 7 de octubre, el ejército ha matado a cientos de palestinos y ha mutilado y traumatizado a miles durante operaciones militares y con su sofisticado armamento.

22. Desde 2007, con la toma del poder por parte de Hamás, Israel ha impuesto, con el consentimiento de Occidente, un severo bloqueo sobre la Franja, bajo el pretexto de la islamofobia europea y de la descripción de Hamás como una organización exclusivamente terrorista, como si no gestionara la sociedad sitiada de Gaza. Los israelíes han negado el bloqueo, pero los habitantes de Gaza lo han vivido en su día a día: racionamiento alimentario impuesto por Israel, cortes frecuentes de electricidad, cortes de agua, disparos contra los pescadores, disparos contra los manifestantes en la valla, operaciones militares mortíferas de la fuerza aérea y la artillería, prohibición de recibir asistencia médica fuera de Gaza si sus familias no cooperaban con el Shin Bet, que expedía los permisos de paso. Durante todos estos años, este gueto ha sufrido un dolor ignorado tanto por Occidente como por los israelíes.

23. ¿Por qué? Porque la vida de los palestinos les interesa tanto como les interesaba a los franceses la vida de los argelinos, o a los belgas la de los congoleños. Una vez más, la capacidad de las élites israelíes —los «progresistas», los «ilustrados», los «defensores de la democracia»—, que viajan a Europa y a Estados Unidos para visitar museos y hacerse fotos en la Toscana o en el Louvre, su capacidad para guardar silencio revela esta «evidencia» colonial. En la Universidad de Haifa, el 50 % de los estudiantes son árabes, pero solo entre el 3 % y el 4 % del cuerpo docente superior es árabe. En resumen, el apartheid israelí está profundamente arraigado en los intereses de este pueblo. Un pueblo que, de ser tribus perseguidas antes de su llegada aquí, se ha transformado en una nación colonial.

24. La transgresión por parte de Israel de todos los límites del derecho internacional es una continuación directa de lo que hizo Occidente en Vietnam, Argelia, Afganistán, Irak, Libia y Malí.

25. Sin embargo, aún hay que explicar esto: la historicización de todos los israelíes, tanto religiosos como laicos, es una historicización totalmente subjetiva, como la de una pandilla de locos en un manicomio, que se cuentan una historia que oyeron un día de sus padres y que nadie más, salvo los evangélicos estadounidenses, comprende. Todos basan su conciencia común en la idea de que la historia comienza con la Biblia: «Tenemos derecho a esta tierra porque estábamos aquí (tal y como está escrito en la Biblia)». Eso es lo que piensan los laicos, no os equivoquéis. La redención en la que creen es mesiánica y secular: «subir a Israel», o la llegada de sus padres, la construcción y la defensa del Estado («Está prohibido eludir el servicio militar»; aún hoy, la lucha contra Bibi incluye la exigencia de reclutar a los ultraortodoxos que «eluden el servicio militar »). Esto en cuanto a los laicos, a quienes Occidente considera «gente como nosotros».

26. La diferencia con los religiosos nacionalistas, los colonos y otros extremistas radica en el lugar que ocupa Dios en esta historia. «Tenemos derecho a esta tierra, porque Dios nos la prometió», dicen los religiosos.

27. Con o sin Dios, «todos nosotros» estamos inmersos en un proceso de redención, y los árabes nos impiden ser salvados.

28. Pero, ¿qué papel desempeñaron el colonialismo británico y la sed de petróleo en la creación de esta entidad en la que hemos crecido? Pocos saben algo al respecto, salvo que «los británicos eran proárabes».

29. La entidad israelí, la fundación del Estado de Israel y su transformación en una fortaleza no fueron el resultado
de un «esfuerzo pionero sionista», sino sobre todo de un regreso de Occidente para controlar Oriente Medio y su petróleo, en cooperación con algunos jefes tribales multimillonarios, Arabia Saudí y los Emiratos. Este proceso alcanza hoy su punto álgido.

30. De aquí a 2028, Estados Unidos concederá a Israel 38 000 millones de dólares (decisión tomada bajo el mandato de Obama). Este presupuesto no solo ha ido aumentando progresivamente desde 1967, sino que Israel no tiene derecho a utilizar parte de esta ayuda militar para comprar armas a sus propias empresas. Este colosal dinero sale de Washington y va a parar a las industrias bélicas de la costa oeste. Israel es parte integrante de estas industrias, un canal de subvenciones gigantescas para la industria militar estadounidense.

31. Aproximadamente el 28 % de todos los presupuestos militares que Estados Unidos transfiere a su industria militar, a través de todos los ejércitos a los que presta apoyo en el mundo, se destina a la mortífera maquinaria bélica israelí. No se puede contextualizar históricamente la situación israelí sin tener en cuenta esta historia.

32. Estos presupuestos gigantescos permiten al Gobierno israelí pagar sueldos enormes a los soldados de reserva —a diferencia de lo que ocurría en guerras anteriores— durante los dos últimos años, y crear una prosperidad consumista en la economía, de modo que la deuda nacional la pagarán nuestros nietos. Hasta entonces, «solo» no habrá desarrollo, «solo» no se construirán hospitales, «solo» no habrá aumento de las pensiones, mientras que las clases hegemónicas seguirán beneficiándose del apartheid.

33. En resumen, esa base militar estadounidense que es el Estado de Israel ha invertido, en los últimos dos años, más de 60 000 millones de shekels para indemnizar a los reservistas, a diferencia de lo que ocurría antes de esta guerra de exterminio, en la que los salarios de los soldados de reserva corrían a cargo de la Seguridad Social en función de los ingresos que percibían los movilizados en su vida cotidiana. Aquí, como se ha dicho, son sobre todo los pilotos quienes se benefician de ello: bombardean a niños, transportan turistas por todo el mundo y luego vuelven para bombardear también a mujeres, todo ello mientras ganan dinero. Pero también otros movilizados, así como los empresarios de las excavadoras que destruyen ciudades y pueblos —y que sin duda también cubren los cadáveres—, perciben primas de hasta 8.000 dólares al mes, una cifra muy superior al salario de la mayoría de ellos, además de bonificaciones y prestaciones sociales. El dinero se destina al consumo diario y es lo que mantiene el crecimiento y la estabilidad. Los jóvenes historiadores Assaf Bondy y Adam Raz sostienen que se trata de una forma de «keynesianismo militar»: no una inversión en armamento, sino una transferencia directa a los hogares. Así, se puede comprobar lo fácil que resulta ignorar el horror de Gaza, como si se tratara de una lejana colonia de ultramar, cuya destrucción resulta aceptable desde el punto de vista económico e ideológico.1

34. Añádase a esto la facilidad con la que este exterminio pasa desapercibido en Europa y en Estados Unidos, en la esfera política, en la caza de «antisemitas», en los enormes beneficios que obtienen los exportadores de armas adicionales, y verán que la «hipocresía» de Europa occidental no es «hipocresía», sino política.

35. Israel y el apoyo a Israel son inherentes al «miedo occidental a los migrantes». El colonialismo occidental resurge de su represión.

36. Si en Francia el colonialismo fracasó tras la derrota en Argelia, y si el neocolonialismo adquirió nuevos significados en la década de 1970, al igual que el «poscolonialismo» académico, he aquí que el colonialismo regresa con paso firme y ruidoso, bajo la forma de la «nueva derecha » o de la derecha populista. (Las palabras que ya citaba en 2007 en mi libro *El nuevo filosemitismo europeo*, extraídas de un monólogo quejumbroso de Finkielkraut en defensa de la «cultura occidental» e Israel, pueden servir a modo de lema para esta nueva alianza) . Esta derecha —y, siguiéndole los pasos desde hace ya mucho tiempo, el centro y la derecha moderada—, al igual que Israel, no quiere a «no occidentales» en sus territorios.

37. Esta es la fase histórica en la que vivimos actualmente y en la que viviremos en un futuro próximo. De Trump a Alemania: el odio hacia el hombre no blanco. La «bestia amarilla» de Nietzsche despierta de su letargo, e Israel es una especie de vanguardia de ello. Se teme a Marine Le Pen, a Nigel Farage o incluso a la AfD alemana, pero nos estamos acostumbrando al «pánico» ante los no europeos, rechazamos a los refugiados hacia el mar, se ocupa Libia para detener el éxodo provocado por el hambre en África. (En Alemania, por ejemplo, nadie se quejó de los refugiados rubios procedentes de Ucrania, pero los refugiados de Siria les molestaron tanto que se les animó a marcharse). Ah, Europa, vieja prostituta bien maquillada. Quizá tenga estilo. Pero le huele mal la boca.

38. Y toda esa palabrería de que «Israel tiene derecho a la seguridad y los palestinos tienen derecho a un Estado», que Macron sabe recitar de memoria, olvida que los palestinos tenían derecho, durante todos estos años, a la seguridad, ya que están a merced de los caprichos de la bestia amarilla, y esta vez son los judíos (nuestros antepasados se revuelven en sus tumbas) quienes llevan la voz cantante.

Tel Aviv

  1. Assaf Bondy, Adam Raz, «How Israel’s War Economy Defied Economic Predictions», Jacobin, 16/09/2025

 

domingo, 2 de agosto de 2026

Mahmud Darwish en sus propias palabras

  

 

Mahmud Darwish en sus propias palabras

 


El 17 de febrero de 1976, mientras Beirut se hallaba sumido en la guerra civil, el periodista francés Bernard Violet se encontró con Mahmud Darwish (1941-2008), que llevaba tres años viviendo en el Líbano tras abandonar los territorios palestinos ocupados. Durante una entrevista de varias horas, llevada a cabo con la ayuda del sociólogo Michel Seurat (1947-1986), el poeta volvió sobre los sucesos fundacionales de su vida: el exilio de 1948, su infancia como refugiado, su compromiso político y su concepción de una poesía a la vez estética y comprometida. Prevista originalmente para ser emitida por France Culture antes de ser finalmente rechazada, la entrevista ha permanecido inédita durante medio siglo.


 

A la edad de siete años, Mahmud Darwish no era Mahmud Darwish. Recuerdo muy bien a ese niño. Era tranquilo y su vida era fácil. Entró en la escuela con cinco años. Creo que fue un alumno brillante. Creo que también era un poco aventurero. Vivía en un pueblecito llamado Al Birwa, cerca de Acre(1).

 

Un día, al volver de la escuela, no encontró a su madre en casa. Le dijeron que había ido a Acre en compañía de su abuela. De inmediato decidió ir a buscarlas, sin saber que Acre es una ciudad. Tomó, pues, la carretera principal y caminó varias horas. Nunca tuvo miedo, solo un poco de sed. Era obstinado y deseaba ardientemente reunirse con su madre. Tuvo la sensación de estar viviendo una gran aventura. Descubrió qué era una ciudad, con sus calles, sus casas y sus habitantes. Por supuesto, no encontró a su madre y, tras llorar, decidió volver por donde había venido. Al llegar al pueblo, encontró a todo el mundo angustiado por su desaparición. Habían mirado en todos los pozos por si se había caído en uno de ellos. Cuando un niño desaparece en un pueblo, la gente siempre empieza por inspeccionar los pozos. Recuerdo bien esa anécdota.

 

Aunque el niño no cayó en el pozo aquel día, sí lo hizo otra cosa unos días después. Era una noche de primavera(2) cuando unos disparos despertaron a mi padre. Agarraron al niño que yo era junto con varios utensilios de cocina y toda la familia se puso en marcha bajo la luz de la luna a través de los olivares para, al cabo de varias horas de camino, encontrarse en el Líbano. Fue en aquel momento cuando el niño supo por primera vez que era un “refugiado”. Aquel día supo también que el gozo que hasta entonces había gobernado su vida se hallaba para siempre en el fondo de un pozo.

 

Lo recuerdo muy bien en el Líbano, en los campos de refugiados palestinos. Fue allí donde empezó su verdadera toma de conciencia del mundo. No sabía lo que significaban las palabras “exilio”, “Israel” o “retorno”. Ningún niño necesita esas palabras, pero él sí las necesitaba, porque convivía con ellas. El niño pasó repentinamente de la infancia al mundo de los adultos. Su toma de conciencia del drama palestino se construyó viviendo en persona ese drama. Le llegó a través de las palabras y así fue como entró en el mundo del verbo.

 

Cuando tuvimos que emigrar, teníamos la sensación de que el problema era solo provisional, que los árabes vencerían a los agresores y que todo acabaría en unas semanas. Un año después, la gente se dio cuenta de que tal era nuestro destino. Había que regresar a Palestina sin pensar en lo que pasaría tras el regreso. De modo que volvimos al pueblo a escondidas.

 

Aquel retorno era para nosotros como un sueño hecho realidad, pero el sueño estaba hecho pedazos. El propio pueblo estaba hecho pedazos. Era refugiado en el Líbano y acabé siendo refugiado en mi propio país. Tuvimos que esforzarnos mucho para conseguir nuestra identidad legal, ya que, según la legislación israelí, éramos “presentes ausentes”(3).

 

Al principio, cuando iba a la escuela, tenía que esconderme por miedo a que el vigilante me viera, ya que no tenía autorización alguna. Como no tenía carné de identidad, no era un ciudadano. Fue así como empezó la lucha.

 

    Debía elegir: o no presentar batalla o luchar y, por consiguiente, escribir poesía. Opté por la lucha, y eso forjó mis relaciones con la autoridad

 

Recuerdo que a los diez años me apasionaban la literatura y la poesía. Escribía todo lo que nos pasaba a mis padres y a mí. A los trece o catorce años, recité un poema durante una gran fiesta organizada para celebrar la creación del Estado de Israel. Las autoridades pidieron a todas las escuelas que festejaran con discursos el aniversario. El director de la escuela dijo unas palabras, luego habló el profesor y uno de los alumnos dio un tercer discurso. Como era un alumno brillante, sobre todo en disertación, y como el profesor había advertido en mí buenas aptitudes para la poesía, me eligieron para recitar un poema. Estaba muy contento, y escribí un poema contra la historia aquella de la creación del Estado.

 

Hablé de nuestro drama como refugiados, de la dispersión del pueblo palestino, del saqueo de la tierra y de la persecución por parte de los gobernadores militares. Era un sentimental y carecía de inteligencia política. Se armó un revuelo terrible en el pueblo, y fue entonces cuando el gobernador militar me ordenó que fuera a su casa. Me pegó y me amenazó con meterme en la cárcel si seguía escribiendo poemas. La poesía no era nada serio para mí, más bien una especie de entretenimiento y una forma de desahogo sentimental. Aquel día, el gobernador militar decidió mi camino: escribir poesía. Entendí, en efecto, que esta era un arma. Debía elegir: o no presentar batalla —o sea, no escribir— o luchar y, por consiguiente, escribir poesía. Opté por la lucha, y eso forjó mis relaciones con la autoridad.

 

Más adelante, cuando fui al instituto, reparé en que los israelíes nos enseñaban el modo perfecto de convertirnos en sionistas. Estudié todo lo relativo al pueblo judío, pero no gran cosa del islam y la historia del pueblo árabe. Estudié, por ejemplo, la mayoría de las obras del poeta judío Jaim Najman Biálik(4). Me aprendí su poesía de memoria. Por el contrario, solo conocía un poema de Al Mutanabbi(5). Debía aprenderme la Biblia hebrea de memoria para aprobar los exámenes, a diferencia del Corán, que jamás estudié. Todas las obras literarias que abordaban la cuestión nacional estaban prohibidas. Había profesores árabes que enseñaban a los alumnos algunos poemas antiguos que exaltaban la gloria de nuestra cultura. Cuando eran sorprendidos “en falta”, les prohibían enseñar y los expulsaban.

 

    El joven árabe no elige meterse en política, es más bien la política la que acude a su encuentro: en la escuela, en los desplazamientos, durante los viajes, dentro mismo del país, te enfrentas a problemas políticos

 

El joven árabe no elige meterse en política, es más bien la política la que acude a su encuentro: en la escuela, en los desplazamientos, durante los viajes, dentro mismo del país, te enfrentas a problemas políticos. Por supuesto, cuando eres joven, no percibes la necesidad, la importancia de organizarse. Consideras que rechazas el orden de cosas vigente y que con expresar tu rechazo por medio de palabras o de la poesía es más que suficiente. Pero, cuando empecé a leer libros, a formarme en el plano político, entendí la necesidad de afiliarme a un partido revolucionario que luchara contra esas políticas y que recogiera las aspiraciones nacionales del pueblo árabe palestino. Así fue como entré en el Partido Comunista Israelí (PCI) justo después de acabar mis estudios de secundaria(6). Me convertí en redactor en el periódico del partido, Al Jadid, y más adelante en redactor jefe de su revista literaria. Entre el partido y yo el acuerdo era total.

 

La actividad del PCI parte del principio político —materializado en lo sucesivo— de que la política israelí sionista lleva a la catástrofe y que no hay una solución sionista al problema árabe-israelí. Que la única solución reside en el reconocimiento de los derechos nacionales legítimos del pueblo palestino. Además, da su apoyo constante a las luchas sociales de las masas contra la explotación y el capitalismo israelí. Mis relaciones con la organización perduraron hasta 1970, fecha en la que decidí abandonar esa realidad de manera radical. Me uní a las filas de la resistencia palestina(7). Así pues, mi relación con el partido siempre ha sido una elección intelectual e ideológica, en perfecta armonía. No le di la espalda al PCI, pero ya no soy miembro por la sencilla razón de que ya no estoy presente en tierra ocupada.

 

En 1973 estaba en el Líbano. Era uno de los pocos que creían desde el primer día que los árabes vencerían o se harían con alguna clase de victoria(8). No tardé en decidirme por tener un papel “literario” en la guerra. Escribía poemas durante los combates. Aunque, naturalmente, cualquier obús suena más fuerte que un poema mientras dura su explosión, la situación puede cambiar más adelante. Escribía a diario sobre los efectos que la guerra tenía en mí. Tanto las emisiones árabes como la prensa reproducían diariamente lo que escribía. Por entonces se consideraba un arma psicológica poderosa en la lucha.

 

La poesía es un arma. Eso es indiscutible. Pero si esa arma está oxidada, si esa poesía no es buena, nunca podrá desempeñar su función. Creo que la mala poesía, sean cuales sean las intenciones de su autor en lo referente al imperialismo, lo que hace, al fin y al cabo, es más prestarle servicio que perjudicarlo. Para que una poesía sea revolucionaria y pueda desempeñar su función, es preciso, ante todo, que sea hermosa. La mala poesía se aviene con el imperialismo y con la fealdad de la influencia que ejerce en nuestras almas, en el alma humana. La poesía comprometida solo existe a partir del momento en que recoge los problemas del pueblo, la esencia de las cosas, los fenómenos históricos. Es preciso que haya un absoluto que haga de la poesía un objeto estético permanente, capaz de conmover a la gente e impulsarla a abrazar una causa, una lucha, un combate contra un enemigo o un obstáculo. La cuestión de la poesía comprometida se ha convertido en una obviedad entre nosotros, entre los revolucionarios, pero necesita ser sometida a examen en el plano artístico: el arma debe ser buena y estar afilada, debe ser elegante, hermosa y conmovedora.

 

De ahí que mi trabajo se desarrolle en dos planos: profundizo mis relaciones con la causa palestina y mis relaciones con el lenguaje poético. Camino por dos senderos paralelos. A veces, la belleza de mi poema —su nivel artístico— es hasta tal punto abstracta que pasa por alto su función.

 

El poeta siempre tiene un papel de agitador, pero ese papel precisamente se acaba enseguida. El problema se plantea con fuerza en el Tercer Mundo. En el mundo árabe, el 80% de la gente es analfabeta(9). No puede leer un periódico. ¿Cómo hago para llegar hasta ellos? ¿Y si escribo solo en árabe dialectal? Cuando el nivel de la poesía se eleva, el número de lectores disminuye. La posición del poeta es muy delicada. ¿Cómo hacer para conciliar el progreso artístico personal con el nivel cultural de los lectores? Esta pregunta solo puede contestarla la experiencia individual. Personalmente, no puedo decir que haya resuelto por completo este dilema. He escrito una poesía muy avanzada por su contenido y su alcance revolucionario, pero su lenguaje es difícil. No escribo para los hombres del presente, para un presente ignorante, sino para el futuro. Mis relaciones con las masas son relaciones de futuro. Considero que la evolución de la literatura no depende únicamente del nivel de la sola literatura, sino también del nivel del trabajo revolucionario. Esa es la razón por la que la lucha no puede renunciar a la elevación general del nivel cultural.

 

Hace algunos años, yo era un mito en los países árabes, para la prensa, para el mundo literario y para el pueblo. Los ciudadanos árabes, cuando leían mi poesía, me tomaban por un héroe que ponía su vida en peligro, cuando mi vida no tiene absolutamente nada de heroico.

 

Mi padre sí que es un héroe. Pasó de tener un nivel de vida razonable a una gran miseria en unos cuantos días. Tuvo seis hijos. Tenía unas tierras, pero siempre se negó a venderlas. En la actualidad están confiscadas. Las autoridades israelíes se las compraron por la fuerza e ingresaron el dinero en un banco para que estuviera a disposición de mi padre, que siempre se ha negado a tocarlo, incluso en los momentos más críticos, cuando más lo necesitaba. Prefería morir antes que tocar un solo céntimo de ese dinero. Esa es, creo yo, una actitud patriótica muy hermosa.

 

A título personal, rindo homenaje al heroísmo, pero esa es una cualidad que no he hecho nada por merecer. Por supuesto, habría podido regodearme en ella sin problema, convertirme en una especie de héroe sin heroísmo. Pero, como soy muy orgulloso, hoy me siento feliz de haber sido el primero en rechazar y denunciar ese mito.

 

Una vez escribí un artículo que se hizo famoso en el mundo árabe. Se titulaba “Sálvennos de este amor cruel”(10). En él explicaba que solo era un poeta principiante, un poeta que intentaba continuamente mejorar su estilo y que trataba de entender mejor los problemas humanos, el mayor de los cuales seguía siendo, para él, la causa palestina. Y añadía en ese artículo que nunca había dejado de ser el alumno de los grandes pioneros de la poesía árabe, y que la aparición de ese mito no se debía a mérito alguno, sino a la simpatía política hacia los ciudadanos árabes que vivían bajo ocupación israelí.

 

Cuando se elevó la voz de un poeta —que se dio la circunstancia de ser la mía— que desafiaba esa ocupación y esa supremacía de la autoridad de Israel en el interior mismo de la patria ocupada, aquello tuvo efectos mágicos sobre el alma de las masas árabes. Las críticas ignoraron la necesidad de valorar mi poesía en tanto que poesía, y se conformaron con considerarme un héroe sin heroísmo.

Rechazo esa etiqueta. Rechazo el “mito Mahmud Darwish” y rechazo la exageración en que se basa esa apreciación que no merezco.

 

Preferiría que Palestina fuera libre y no haber escrito jamás un solo poema.

 

 Notas

 

(1)Ciudad portuaria de Galilea Occidental, a unos veinte kilómetros de Haifa. Las notas son de la redacción.

 

(2)La primera guerra árabe-israelí empezó el 15 de mayo de 1948, al día siguiente de la proclamación del Estado de Israel. Las fuerzas israelíes no tardaron en ocupar Galilea occidental, incluyendo el pueblo de Al Birwa, donde vivía la familia Darwish.

 

(3)La expresión “presentes ausentes” se refiere a los palestinos que permanecieron en Israel tras la guerra de 1948, pero que estuvieron ausentes de su domicilio o su localidad cuando se realizó el censo de noviembre de 1948. Aunque presentes en el territorio, sufrieron la confiscación de sus propiedades en virtud de la Ley de Propiedad de Ausentes aprobada en marzo de 1950.

 

(4)Nacido en Ucrania, a Biálik (1873-1934) se le considera el poeta nacional de Israel. Sobre su vida y obra, cf. Arianne Bendavid, Haïm Nahman Bialik. La prière égarée. Biographie, Éditions Aden, Bruselas, 2008.

 

(5)Al Mutanabbi (915-965), “El que se dice profeta”, es considerado el mayor poeta árabe por su dominio de la lengua, su vida aventurera y sus descripciones, a menudo incisivas o satíricas, de las sociedades y gobiernos del Oriente Próximo del siglo X.

 

(6)Darwish ingresó en el PCI en 1961, con veinte años. Por entonces vivía en Haifa.

 

(7)En 1970, Darwish dejó Israel para estudiar en Moscú; luego, en 1971, se instaló en El Cairo. En 1973 se unió a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Vivió en Beirut entre 1972 y 1982.

 

(8)La guerra árabe-israelí de 1973 empezó el 6 de octubre. Darwish, instalado en Beirut, donde por entonces tenían su sede las instituciones de la OLP, se convirtió en una de las principales voces literarias del movimiento nacional palestino.

 

(9)Según varias fuentes, como los propios Estados, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) o la Organización Árabe para la Educación, la Cultura y la Ciencia (Alecso), entre otras, en 2020 el porcentaje de analfabetos en la región oscilaba entre el 30% y el 40%.

 

(10)Este texto fue publicado por la revista Al Jadid, n.º 6, Haifa, 1969, con el título original de “Unqidhuna min hadha al-hubb al-qasi”.

 

Mahmud Darwish

Poeta palestino. 13 de marzo de 1941, Al-Birwa – 9 de agosto de 2008, Boston.

Artículo completo en Le Monde Diplomatique 

miércoles, 29 de julio de 2026

LA ESCUELA DEL PERIODISMO PALESTINO

 


Qassam Muaddi


Carta desde Palestina: La escuela del periodismo palestino

Durante años, los medios de comunicación dominantes han dado lecciones a los periodistas palestinos sobre la importancia de la «objetividad». Pero el genocidio en Gaza nos ha hecho darnos cuenta de que ellos son los menos objetivos de todos.

Hace ocho años, solicité una vacante en una agencia de noticias occidental y me rechazaron. No me afectó demasiado, sobre todo porque el puesto vacante era demasiado alto para la escasa experiencia que tenía en aquel momento. Pero unas semanas más tarde, un amigo que trabajaba allí me dijo que no habían tenido en cuenta ninguna solicitud de palestinos. La preocupación de la agencia era que un periodista palestino no fuera lo suficientemente objetivo para ocupar un puesto clave en la elaboración de noticias y reportajes sobre Palestina.

Esa fue mi propia experiencia con un fenómeno que muchos periodistas palestinos conocen de sobra. Algunos lo han vivido incluso de forma más personal. Todos sabemos que podemos colaborar con periodistas occidentales como coordinadores, corresponsales o intérpretes, pero solo en contadas ocasiones se nos confía la elaboración de un reportaje para un medio occidental de gran tirada de principio a fin.

La razón de esta desconfianza se reduce al difuso concepto de «objetividad» y a las diferentes formas de entenderlo. También es un principio fundamental del periodismo por el que se supone que debemos esforzarnos. Los editores occidentales nos sermonean sobre su importancia y, como resultado, nos han hecho sentir mal con nosotros mismos, como si nos faltara profesionalidad por cubrir los acontecimientos de nuestro país desde la perspectiva de nuestra gente, por utilizar su vocabulario y por no mantener una distancia suficiente respecto a sus experiencias vividas.

En 2017, un periodista extranjero para el que trabajaba como coordinador me dijo que su trabajo en Palestina consistía en describir los acontecimientos, no lo que significaban para las personas que los vivían. Cuando le dije que algún día habría una máquina capaz de hacer precisamente eso —poco sabía yo del auge de la inteligencia artificial que se avecinaba—, me respondió que, efectivamente, una máquina sería más objetiva que el más objetivo de entre nosotros.

Como periodistas palestinos, tenemos que hacernos muchas preguntas: si elegimos esta profesión para dar voz a la realidad de nuestro pueblo, ¿cómo lo hacemos sin volvernos tan desalmados y anodinos como un algoritmo? ¿Qué significa cuando decimos que el periodismo es una profesión humanista? ¿Y qué diferencia hay entre ser palestino o no, si vamos a ser objetivos?

En los últimos dos años y medio, el genocidio en Gaza nos ha abierto los ojos a muchos de nosotros ante algo que no habíamos tenido suficientemente en cuenta: aquellos que nos daban lecciones sobre cómo ser objetivos eran los menos objetivos de todos.

Las narrativas se construían en torno a mentiras, hechos tergiversados y artículos periodísticos elogiados que carecían por completo de pruebas y eran sistemáticamente sesgados. Las afirmaciones israelíes se aceptaban sin más, mientras que las cifras palestinas se ponían sistemáticamente en duda o se ignoraban. El «gaslighting», sin embargo, se manifestaba abiertamente.

Estas prácticas no solo falsificaban la realidad o engañaban al público, sino que permitieron que se produjera un genocidio en tiempo real.

No se trataba solo de una falta de objetividad, sino de la facilitación activa de la masacre por parte de algunos de los medios de comunicación más grandes y prestigiosos.

Pero darme cuenta de esto no elimina la pregunta que debemos responder por nuestra cuenta, independientemente del sesgo tácito de los medios de comunicación dominantes: ¿qué es la objetividad y cómo la ponemos en práctica como periodistas palestinos?

La respuesta a esta pregunta, para mí, también llegó desde Gaza. A lo largo de los años, la concienciación de la opinión pública mundial sobre Palestina creció al mismo tiempo que aumentaba el conocimiento sobre la realidad en Gaza. Este conocimiento llegó a través de informes de grupos de derechos humanos y otras fuentes, pero no habría sido posible sin el trabajo de los periodistas palestinos sobre el terreno, que se han comprometido con una única cosa: mostrar la realidad —toda la realidad— y nada más que la realidad.

Mostrar la realidad ha significado convertir los hechos vivos de la vida en el tema central de sus reportajes. No declaraciones sobre los hechos, ni comentarios sobre ellos, ni narrativas abstractas al respecto, ni siquiera debates sobre interpretaciones contradictorias de los hechos. Se trata de los elementos materiales de la vida y de la violencia que los desfigura. Se trata de documentar cada muerte, cada destrucción, cada esfuerzo por reconstruir y seguir adelante.

«Toda la verdad» significa que los hechos no se limitan a los acontecimientos, sino que abarcan también cómo las personas los viven y los entienden, y el coste humano que acarrean. ¿Cómo asimilan sus experiencias las personas que viven los acontecimientos, que pierden a sus seres queridos, sus hogares y años de su vida en prisión? Cómo se ve alterado su futuro y cómo hablan de ello.

«Nada más que la realidad» significa que no tenemos que mezclar el reportaje de la realidad con nuestra opinión al respecto. Porque la realidad por sí sola, cruda y sin adornos, es el mayor desafío para sus narrativas propagandísticas. Los periodistas de Gaza confiaron en la inteligencia de su público en todo el mundo para comprender y formarse su propia opinión sobre la verdad de lo que estaba ocurriendo en Palestina. Y así ha sido.

Como palestinos, formamos parte de la realidad que cubrimos, lo que nos da acceso a una parte de ella a la que los medios de comunicación extranjeros no tienen acceso. Conocemos el lenguaje cultural, psicológico y social de nuestro pueblo y sabemos cómo interactúa con la realidad. Lo que aportamos es algo que a los periodistas extranjeros les cuesta captar, sobre todo porque no aparecería en las posiciones oficiales de los líderes palestinos: nuestra voz.

Si realmente existiera una cobertura objetiva de Palestina por parte de los medios de comunicación dominantes, esta voz habría estado presente desde el principio. En cambio, los palestinos somos objetos pasivos cuyas historias cuentan otros.

 

Precisamente por eso contamos nuestras propias historias. Toda la realidad, y nada más que la realidad. La agonía de una madre que ha perdido a su hijo, la lucha de un agricultor por permanecer en su tierra y el camino de un detenido puesto en libertad para afrontar su dolor y reconstruir su vida son los elementos que conforman esa realidad.

Y mientras sigamos haciéndolo, ya no nos intimidarán quienes intentan darnos lecciones de objetividad, porque son ellos quienes permiten la injusticia impuesta a nuestro pueblo. Mientras tanto, seguiremos impartiendo nuestra escuela de periodismo humano. Seguiremos transmitiendo el lenguaje de nuestras calles y nuestras comunidades con una cercanía a la realidad que ninguna agencia de los medios dominantes puede aspirar a alcanzar.

Artículo completo en Mondoweiss

Qassam Muaddi es el redactor especializado en Palestina de Mondoweiss. Síguelo en Twitter/X en @QassaMMuaddi. 

 

 

domingo, 10 de mayo de 2026

POESÍA CONTRA EL GENOCIDIO: Planto, por Juan Barja

 

 

 

Samia Halaby "Palestine is our Home"

 

 

 

 

Planto, por Juan Barja

 

 

 

Villancico[1]

 

Jugando entre las flores

cantaban los pastores

y un ángel dormitaba en el portal,

y había una doncella

y un niño y una estrella

y un buey y una mulilla de metal.

 

La luz iba aumentando,

la noche iba soñando

que el día ya venía con el sol,

y un verde pajarito

cogía con el pico

semillas de la flor de un girasol.

 

Había una paloma

con las alas de goma,

un árbol, una sombra, un manantial,

y un hombre descansando

mientras iban llegando

tres magos con regalos de cristal.

 

Pintada sobre un cielo

de luz de terciopelo

la luna se ha pegado en el pincel.

El día se ha encendido,

el aire ha florecido

y el sol es una rosa de papel.

 

En lo alto del tejado

la alondra se ha posado,

y el agua, que no deja de pasar,

va abriéndose camino

 corriendo a su destino.

Desde la fuente al río, y de él al mar.

 

 

 

 

Monodia

 

Día negro como humo de carbón.

Día de negro luto.

Día negro de nubes

de tormenta.

 

Día negro, el de los asesinos.

Día negro de noche sin estrellas.

 

Día negro de día,

día negro de noche,

día negro de gritos de dolor.

Día negro de los torturados.

Día negro con su veneno oscuro.

Día negro de abusos y violencias.

Día negro, día aciago, día nefasto.

Día negro de espasmos en el alma.

 

Día negro del llanto.

Día negro del llanto.

Día negro de ruido de motores.

 

Día negro de hambre.

Día negro de sed.

Día negro de calle sin salida.

 

Día negro, sol negro, luna negra.

Día negro, luz negra,

negra muerte...

 

 

 

 

 

Caída

 

Todos los golpes caen

sobre la misma herida,

el mismo centro,

 

sobre el mismo dolor, diseminado,

concentrado, presente, inolvidable...

 

Todos los golpes duelen,

del primero hasta el último –inconsciente

de ser último al fin–:

 

los más dañinos,

los densos, los colmados de guijarros,

los que llevan fantasmas en la manga

del corredor, los que alzan ­–como ramos

de desecados nervios terminales–

su impasible y cruenta geometría,

su fisura sin liquen,

su reconciliación en el vacío...

 

Todos los golpes caen,

todos los golpes duelen,

todos los golpes saben a ceniza,

a discordia de hoguera,

a odio amarillo,

a mudez rencorosa,

a inconciliable

torrentera de amargos pensamientos.

 

Permanentes, cogidos de la mano,

de uno en uno o en grumos de destino,

todos los golpes caen con cada golpe;

uno es uno y es todos, renovados,

repetidos, brutales,

incesantes...

 

Todas y cada una de las veces,

todos son criminales,

ya lo sabes.

Todos son asesinos,

impasibles...

 

Todos los golpes son

definitivos.

 

 

 

 

 Naturaleza muerta

 

Viento del sur, huyendo.

Aire del sur, llorando.

El agua negra y los zapatos

rojos.

 

Pozos de alba

de noche de ceniza.

 

Aire y veneno.

Viento. Sí.

Llorando.

 

 

 

 

 

Diluvio

 

Feroz el asesino.

El aire, ciego.

 

Los cajones. Los cuerpos.

Alineados.

 

El mundo en ruina, y los niños,

muertos.

 

 

 

 

 

Elogio

 

Celebremos a los nuevos héroes

bombardeando escuelas y hospitales,

obteniendo triunfos victoriosos

sobre enfermos y médicos y niños.

 

Celebremos a los grandes héroes

siempre esforzados en su bello oficio,

como ángeles llevados por sus alas

destruyendo las vidas con su juego

y las viejas ciudades de los hombres.

 

Celebremos, sí, a los grandes héroes

con el cuerpo cubierto de radares

y medallas de siempre alegres tonos,

héroes que se defienden atacando

antes de que nadie les ataque,

arrojando misiles, arrojando

sus poderosas máquinas de fuego.

 

Celebremos a los grandes héroes

destruyendo pequeñas

barcas de pescadores indefensos

con afán de petróleo y de conquista.

 

Celebremos, sí, a los nuevos héroes

que afrontan la muerte de los otros

con serenidad y simpatía

mientras se cobran sus mejores piezas

en las colas de los alimentos,

sí, en las colas del hambre

y del reparto de las medicinas.

“Hagamos el trabajo cuanto antes,

destruyamos sus vidas, es su grito.”

 

Celebremos al héroe moderno,

al negociante y al soberano,

jugador ventajista. Celebremos

su dedicación humanitaria,

su actividad pacificadora

­cuando no quede nada que matar.

 

 

 

 

 

El visitante

 

Madre, en la puerta hay un niño.

 

Madre, en la puerta hay un niño.

¿Qué le digo?

 

Parece que tiene sueño.

¿Qué le digo?

 

Parece que tiene frío.

¿Qué le digo?

 

Madre, el niño está muerto.

¡Está muerto, madre!

¿Qué le digo?

 

 

 

 

 

Un duelo

(fragmentos)

 

... llora el sol, llora el mundo,

lloran los cuatro puntos cardinales,

llora el sur, llora el norte,

como lloran el este y el oeste,

lloran las palabras y las cosas,

llora la piedra, lloran los zapatos,

llora la densidad, llora el camino,

llora la sombra, llora la serpiente,

llora el árbol azul, lloran los goznes

de la puerta del aire, llora el tiempo

sin edad, el espejo sin reflejo,

la soledad, las dunas, los motores,

lloran la rosa, el pájaro, el rocío,

lloran los ácidos, llora la nostalgia,

llora el dios que no hay, lloran los sueños,

lloran las esperanzas olvidadas,

llora el recuerdo, llora la memoria,

llora la noche, lloran los sonidos,

lloran las calles, llora la fortuna,

lloran las pérdidas, lloran los encuentros,

lloran los muelles, los barcos, los adioses,

lloran los niños que han asesinado,

lloran las cosas, lloran las palabras...

 

 

 

 

 

Catálogo

 

El primero desnudo,

oscilando en el borde del abismo.

 

El segundo de sal. Petrificado.

 

El tercero un espectro,

las vísceras colgando en torno al cuello.

 

El cuarto

como una flor de sangre,

 

y el quinto sin sexo.

 

El sexto con el cabello ardiendo en llamas.

 

El séptimo rendido sobre el suelo,

maldiciendo su vida y

blasfemando.

 

El octavo

cortándose las venas.

 

El noveno yacente, amortajado.

 

El décimo olvidado sobre un cesto,

con el cuerpo tronzado,

como un muñón de carne

coagulada.

 

El undécimo, un grito.

 

El duodécimo puesto sobre el cepo,

con las alas tronchadas

y los ojos volcados

hacia dentro.

 

El trigésimo, el último

de los ángeles muertos,

como gallinas puestas a secar.

 

 

 

 

  

Panfleto

 

En el Imperio de la diferencia,

en el rincón de la conformidad...

Los viscosos gusanos, y las ratas

asomando el hocico en el oeste.

 

Asomando el hocico y enseñando

los dientes, repitiendo su amenaza,

desde el siniestro Imperio del oeste

y la sangre reseca entre basuras.

 

Blancas ratas y húmedos gusanos,

el himno de la usura es su canción.

Finos dientes y aliento venenoso

y los aros viscosos que se arrastran.

 

En el Imperio de la diferencia

imponen las tarántulas su ley.

Un aguijón, y una red de humo,

y una boca cariada en

el oeste...

 

 

 

 

 

Malos días

 

Hoy el día está oscuro,

como si no hubiera amanecido.

 

Hoy el viento aparece detenido,

detenido y envuelto

en su gran capa color gris cobalto.

 

Aunque parezca un siempre

–con el siempre de nunca y nunca más,

con el sabor a no, con el sabor a nada,

con el cabello ralo, estropajoso–

es sólo un día menos, ningún día.

 

Y se abre el cielo,

y se enciende el fuego,

y los muertos te miran, espantados.

 

Hoy bombardean Gaza, una vez más.

 

 

 

 

 

Impotencia

 

¿Para qué escribir esto?

Para nada.

 

El tizón rojo abrasa el alma

blanca.

 

¿Para que escribir esto?

No lo sabe.

 

Diluvios de dolor,

mares de sangre.

 

 

 

 

 

Contabilidad

 

¿Cuánta sangre

vertida?

 

¿Cuánto cobra el verdugo?

¿Cuánto gana

 

el que guía el desfile de asesinos?

 

¿Cuántas son las monedas

de la sombra...?

 

Las niñas muertas y la escuela en llamas...


 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

La eterna canción

 

Ruina y sangre,

y escombro y ruina y sangre...

 

“Semejante

a la noche”[2].

 

El mal en la raíz, el odio eterno

que se cree distinto.

Y su potencia...

 

“Semejante a

la noche”.

 

Desgarrando la luz en la tiniebla

–la verdad de la luz–.

Y la venganza,

la rapiña, las ansias del dominio,

y los monstruos y pájaros de acero...

 

“Semejante a la

noche”.

 

Criminales de arañas y babosas,

asesinos de barro y de petróleo...

Baja el ardiente río,

y los cadáveres

entregados al fuego y la locura

de las bestias y pájaros de muerte.

 

“Semejante a la

Noche”.

 

 

 

 

 

Tras el sueño

 

Tras haber descansado

mucho tiempo,

 

despertó sorprendido. Era

temprano.

Le pareció que estaba amaneciendo

 

y le llegaba un olor de fondo,

como a carne quemada y fuego oscuro.

 

Se movió un poco entonces

–hacía siglos que ni se movía–

y lo deslumbraron

de repente

unas llamas rojizas, gigantescas,

como una columna que intentara

abrasar todo el cielo,

y vio en torno correr unas figuras

alimentando el fuego sin descanso.

 

En las llamas ardían los millones

de los seres, los hombres y las cosas,

y los servidores de la hoguera,

coronados con nudos de serpientes,

bailaban y cantaban,

delirando.

 

Después –quizá después de mucho tiempo–

comprendió de repente

qué decían los versos

de aquel himno:

 

“Ya están listas las cestas,

y las víctimas junto a los altares”[3].

 

La insaciable hoguera

era la luz

que había confundido con la aurora.

 

 

 

 

Canción de cuna

 

No llegues, niño,

nunca a nacer,

que el ogro-mundo

te ha de comer.

 

El ogro-mundo

que vive acá,

si naces, niño,

te comerá.

 

No nazcas, niño,

a este dolor.

No haber nacido

siempre es mejor.

 

Mejor es siempre

no ser, no estar.

Mi niño, ausente y

sin despertar.

 

En este mundo,

todo es perder.

La vida es triste.

Mejor, no ser.

 

 

 

 


  

 

Ocaso

 

Un velo de luto sobre el mundo,

un espeso, un áspero velo

que custodia el cadáver

–el futuro cadáver–

de la tierra.

 

Un espejo de sangre,

un espejo de sangre sobre el mundo,

un reflejo de sangre y de maldad

desde un eje a otro eje,

desde un polo a otro polo, custodiando

las amargas cenizas de la tierra.

 

Amargura y silencio,

amargura, silencio, deserción

y el sepulcro sin nombre de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 



[1] Para acunar a los miles de niños asesinados en Gaza y en Teherán.

[2] Homero, Ilíada I.

[3] Esquines, Contra Ctesifonte.

 

Los carteles que ilustran los poemas son obra de Samia Halaby (Jerusalén, 1936).