miércoles, 1 de noviembre de 2023

ATAQUES EN GAZA: "NO TENDRÉIS EL SILENCIO DE LOS JUDÍOS DE FRANCIA"

 Ataques en Gaza: “No tendréis el silencio de los judíos de Francia” 

Un colectivo de 85 personalidades judías denuncia la actual operación militar en Gaza y la explotación de la emoción legítima suscitada por los atentados del 7 de octubre. 

 

Publicado en Libération el 31 de octubre de 2023 a las 09:11 horas. 

 

La ONU anuncia una posible limpieza étnica en la Franja de Gaza. Como judíos, estamos horrorizados por las violaciones del derecho internacional que el Estado de Israel está llevando a cabo en Gaza con total impunidad y nos negamos a permitir que esta masacre tenga lugar en nuestro nombre. Entendemos y compartimos el dolor y el miedo que sienten muchos judíos en Francia tras los crímenes de guerra de Hamás. La mayoría de nosotros tenemos familia en Israel y deseamos expresar nuestro pésame a las familias de las víctimas de las masacres del 7 de octubre. Pero este dolor no puede justificar la limpieza étnica en Gaza. La continuación de la guerra y la ocupación no traerá ni la paz ni el regreso de los rehenes. Gaza está experimentando una crisis humanitaria sin precedentes. Tras los ataques del 7 de octubre, que dejaron 1.400 israelíes muertos y al menos 4.600 heridos, Israel impuso un asedio total de la Franja de Gaza, una forma de castigo colectivo contrario al derecho internacional.

200 israelíes siguen rehenes en Gaza, y su destino le importa menos al gobierno israelí que el aplastamiento de los palestinos. Dos millones de habitantes de Gaza se ven privados de agua, alimentos y electricidad. Organizaciones de derechos humanos han documentado el uso de fósforo blanco. Fueron bombardeados hospitales, pero también lugares de culto donde se refugiaban los habitantes de Gaza. En el momento de redactar este informe, al menos 8.000 palestinos han sido asesinados allí, entre ellos casi 3.000 niños. La represión contra los palestinos en Cisjordania también se ha intensificado en las últimas dos semanas, con más de 100 personas asesinadas por colonos o el ejército israelí. Más de 13.000 habitantes de Gaza resultaron heridos por los ataques aéreos israelíes y más de un millón de personas fueron desplazadas. 

Exigimos un alto el fuego inmediato y el fin de la impunidad israelí. Es urgente lograr que el gobierno israelí detenga su campaña de bombardeos e impida que lance una ofensiva terrestre que podría desencadenar una conflagración regional. Esta violencia punitiva y crímenes de guerra fueron anunciados por funcionarios del gobierno israelí a través de declaraciones deshumanizantes y cuentan con el apoyo de nuestros líderes en Francia. Nos unimos a nuestros hermanos y hermanas judíos en los Estados Unidos, el Reino Unido, Israel y otros lugares, que han denunciado el apoyo incondicional de sus gobiernos a la ofensiva israelí contra Gaza, y recordamos que la expresión de solidaridad con el pueblo palestino como pueblo oprimido pueblo es un derecho y una libertad política. Al afirmar incondicionalmente el derecho de Israel a defenderse y al votar en contra de una resolución de la ONU que pide un alto el fuego, el gobierno francés es cómplice de la limpieza étnica en Gaza. 

Nosotros demandamos: 

El cese inmediato de los bombardeos israelíes y la retirada de las fuerzas armadas israelíes de Gaza.

Levantamiento del bloqueo y asedio de Gaza.

Negociaciones para la liberación de rehenes y presos políticos.

Sanciones internacionales contra el Estado israelí.

Primeros firmantes: Michaël Löwy, sociólogo, Ariella Aïsha Azoulay, profesora de cultura y medios modernos y literatura comparada, Sonia Dayan-Herzbrun, socióloga, Tal Madesta, periodista y autora, Yael Lerer, editora y traductora, Rony Brauman, médico, ex presidente de Médecins sans fronteras (MSF), Albert Levy, jurista, Simon Bitton, cineasta, Tal Dor, sociólogo CENS /LEGS, Gérard Haddad, psicoanalista y ensayista, Marie-José Mondzain, filósofa, Alice Pfeiffer, periodista y autora, Eyal Sivan, directora

domingo, 22 de octubre de 2023

¡PALESTINA LIBRE E INDEPENDIENTE!

La operación militar de Hamás de la resistencia palestina ha provocado la habitual oleada de declaraciones. Casi todos los gobiernos occidentales se han apresurado a «declarar su solidaridad con Israel por la cobarde agresión terrorista» (bloque estadounidense, es decir, UE y Commonwealth) o, por el contrario, a «expresar su apoyo al pueblo palestino por su iniciativa de resistir al invasor» (países árabes, islámicos, la mayor parte del Sur global).

Cabe reseñar que la actitud mecánica de tomar partido y apoyar lo que sea necesario, con insoportable talante «solucionista», sobre todo en países tan acostumbrados a dar lecciones, como los europeos, es precisamente lo que ha sostenido durante décadas esta interminable carnicería. Se trata de una actitud descaradamente irresponsable y cobarde.

Desde sus orígenes, el estado de las relaciones entre el sionismo y luego el Estado israelí y los palestinos en los territorios ocupados es de tal desequilibrio de fuerzas que el conflicto no puede definirse como un enfrentamiento, sino sólo como una dominación estructural de naturaleza colonial salpicada de episodios insurgentes. Una opresión puramente ejemplar, sin límites ni reparos, en un crescendo de abusos y atropellos. Con un retraso de 75 años, hoy se termina admitiendo que la situación es propia del apartheid.

Más allá de la espiral del lenguaje bipolar de las instituciones políticas y los medios de comunicación occidentales, se nos pide que condenemos el terrorismo, pero no que intentemos comprender sus causas. El Estado de Israel, como desahogo de los sentimientos de culpa de las potencias europeas, como supuesta reparación por la Shoah y como expresión de colonialismo occidental, plantea cuestiones mucho más profundas de las que las etiquetas del terrorismo y la guerra en Oriente Medio puedan indicar.

La única perspectiva de resolución de este conflicto es la justicia. No todo se resuelve con uno o dos estados. Lo racional y moral sería un solo estado donde todos vivieran con los mismos derechos. Otra opción, hoy igual de difícil de materializar sería la coexistencia de dos Estados soberanos. Aun con esto no se resuelve el llamado conflicto, queda la cuestión de los refugiados y la discriminación contra la minoría palestina en Israel. 

Debemos oponernos a la tendencia ya crónica al olvido y a la mentira de las clases dirigentes europeas, que tienen tanto el interés como la credibilidad potencial para mediar en este conflicto y desde hace décadas se han replegado en el servilismo a las instrucciones de Estados Unidos, que no tienen ni el interés ni la credibilidad para alimentar una paz duradera en Oriente Próximo.

Este NO a la invasión israelí de Gaza es el mismo NO a la guerra de Ucrania, a las guerras de Kosovo, Sudan, Nagorno Karabakh, Siria y muchos lugares más en llamas. Salir del tercermundismo humanitario, salir de la Alianza Atlántica, decir NO a la guerra, a todas las guerras, a la arrogancia y las mentiras, al colonialismo occidental.

 

Luz Gómez es catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora de varios ensayos y traductora de Mahmud Darwish al español. De sus numerosas traducciones del poeta palestino, En presencia de la ausencia (Pretextos, 2012), obtuvo el Premio Nacional de Traducción 2011. A su cargo ha estado la edición de BDS por Palestina (ediciones del oriente y del mediterráneo, 2014) Es editora y traductora de El poeta troyano. Conversaciones sobre poesía (ediciones del oriente y del mediterráneo 2023).

Olga Rodríguez es periodista, investigadora y escritora especializada en información internacional, Oriente Medio y Derechos Humanos. Ha desarrollado su carrera en la Cadena Ser, Cuatro, CNN y en el diario.es, medio del que es cofundadora. Ha cubierto los conflictos más importantes de las últimas dos décadas en Oriente Medio y el norte de África. Es integrante de la Asociación de Periodistas de Madrid y de la Junta directiva de la UNRWA España (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos).

Isaías Barreñada es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Sus áreas de investigación son la relaciones internacionales en los países árabes, la política exterior española y europea, Palestina-Israel y el Sahara Occidental. Autor de numerosos artículos y ensayos. Su último libro, con José Abu Tarbush es PalestinaDe los acuerdos de Oslo al apartheid (2023).

Ignacio Castro Rey, es filósofo, crítico de cine y arte, gestor cultural y profesor. Además de múltiples artículos y conferencias, ha publicado diversos libros. El último de ellos se llama Lluvia Oblicua (Ed. Pretextos 2020) seguido de Mil días en la montaña (Roxe de Sebes) (Ed. FronteraD, 2019) y Ética y desorden (Pretextos, 2017). Anteriormente ha publicado también, entre otros, Votos de riqueza (Madrid, 2007), Roxe de Sebes (A Coruña, 2011) y La depresión informativa del sujeto (Buenos Aires, 2011). 

Breve bibliografía sobre el tema: https://www.enclavedelibros.com/categoria/palestina-biblio_W69



sábado, 21 de octubre de 2023

LLAMAMIENTO DE LOS SINDICATOS PALESTINOS PARA DEJAR DE ENVIAR ARMAMENTO A ISRAEL Y ACABAR CON LA COMPLICIDAD

Israel ha exigido que 1,1 millones de palestinos evacúen la mitad norte de Gaza, mientras la somete a constantes bombardeos. Esta despiadada decisión es parte del plan israelí, reforzado por el apoyo inquebrantable y la participación activa de Estados Unidos y la mayoría de los estados europeos. Este plan tiene como objetivo llevar a cabo masacres atroces y sin precedentes contra 2,3 millones de palestinos en Gaza y llevar a cabo una limpieza étnica total. Desde el sábado, Israel bombardea Gaza de forma indiscriminada e intensa: ha cortado la electricidad, el agua, el acceso al combustible, los alimentos y los suministros médicos. Israel ha matado a más de 2.700 palestinos –incluidos 614 niños–, arrasando barrios enteros, aniquilando a familias enteras e hiriendo a más de 10.000 personas. Algunos expertos en derecho internacional han comenzado a advertir sobre estos actos potencialmente genocidas por parte de Israel.

En otros lugares, el gobierno de extrema derecha de Israel ha distribuido más de 10.000 fusiles a colonos extremistas en la Palestina de 1948 y en la Cisjordania ocupada para ayudar a intensificar sus ataques y lanzar pogromos contra el pueblo palestino. Las acciones, masacres y retórica de Israel demuestran su intención de llevar a cabo una segunda Nakba, prometida desde hace mucho tiempo, expulsando a tantos hombres y mujeres palestinos como sea posible y creando así un "nuevo Medio Oriente" en el que el pueblo palestino seguirá viviendo en perpetua sumisión.

La respuesta de los Estados occidentales ha sido de apoyo completo y total al Estado de Israel, sin siquiera una mínima defensa del derecho internacional. Esto ha incrementado la impunidad de Israel, dándole carta blanca para librar su guerra genocida. Más allá del apoyo diplomático, los estados occidentales proporcionan armas a Israel, autorizando las actividades de las compañías armamentísticas israelíes dentro de sus propias fronteras.

Mientras Israel intensifica su campaña militar, los sindicatos palestinos están pidiendo a sus homólogos internacionales y a todas las personas de conciencia que pongan fin a todas las formas de complicidad en los crímenes israelíes: que pongan fin urgentemente al comercio de armas con Israel, así como a cualquier financiación e investigación militares.El momento de actuar es ahora: hay vidas palestinas en juego.

Esta situación urgente y potencialmente genocida sólo puede evitarse mediante un aumento masivo de la solidaridad global con el pueblo palestino, capaz de frenar la maquinaria de guerra israelí. Necesitamos que usted tome medidas inmediatas – dondequiera que esté en el mundo – para detener el armamento del Estado de Israel y a las empresas involucradas en la infraestructura del bloqueo. Nos inspiramos en movilizaciones sindicales anteriores en Italia, Sudáfrica y Estados Unidos, así como en movilizaciones internacionales similares contra la invasión italiana de Etiopía en los años 1930, contra la dictadura fascista en Chile en los años 1970, al igual que otras acciones en otros lugares, donde la solidaridad mundial pudo limitar el alcance de la brutalidad colonial.

Hacemos un llamamiento a los sindicatos de los sectores afectados a:

     Negarse a fabricar armas para Israel.
     Negarse a transportar armas a Israel.
     Adoptar sobre ello mociones en su sindicato.
     Tomar medidas contra las empresas cómplices involucradas en la implementación del brutal e ilegal asedio de Israel, especialmente si tienen contratos con su institución.
     Presionar a los gobiernos para que pongan fin a todo comercio militar con Israel y, en el caso de Estados Unidos, a su financiación.

Hacemos este llamamiento cuando vemos intentos de prohibir y silenciar cualquier forma de solidaridad con el pueblo palestino. Les pedimos que hablen y actúen frente a la injusticia, como lo han hecho los sindicatos en el pasado. Lanzamos este llamamiento con la convicción de que la lucha por la justicia y la liberación palestina no es sólo una lucha determinada por particularidades regionales y globales. Es una palanca para la liberación de todos los pueblos desposeídos y explotados del mundo.

Federación General Palestina de Sindicatos, Gaza

Sindicato General de Trabajadores del Servicio Público y del Comercio

Sindicato General de Trabajadores Municipales

Sindicato General de Trabajadores de Jardines de Infancia

Sindicato General de Trabajadores de Petroquímica

Sindicato General de Trabajadores Agrícolas

Unión de Comités de Mujeres Palestinas

Sindicato de Trabajadores de Medios de comunicación e Impresión

Federación General Palestina de Sindicatos (PGFTU)

Sindicato General de Maestros Palestinos

Unión General de Mujeres Palestinas

Unión General de Ingenieros Palestinos

Asociación de Contadores Palestinos

Federación de Asociaciones Profesionales que incluyen:

Asociación Dental Palestina – Centro de Jerusalén

Asociación de Farmacéuticos Palestinos – Centro de Jerusalén

Asociación Médica - Centro de Jerusalén

Asociación de Ingenieros - Centro de Jerusalén

Asociación de Ingenieros Agrícolas - Centro de Jerusalén

Sindicato de Veterinarios – Centro de Jerusalén

Sindicato de Periodistas Palestinos

Colegio de Abogados Palestino

Asociación Palestina de Enfermería y Partería

Sindicato de Trabajadores de Jardines de Infancia

Sindicato Palestino de Trabajadores de Servicios Postales

Federación de Sindicatos de Profesores y Empleados de Universidades Palestinas

La Federación General de Sindicatos Independientes, Palestina

La Nueva Federación Palestina de Sindicatos

Unión General Palestina de Escritores

Sindicato de contratistas palestinos

Federación de Sindicatos de Profesionales de la Salud

Sindicato Palestino de Psicólogos y Trabajadores Sociales

Fuente: Red Sindical Europea por la Justicia en Palestina

Exculpar a Israel, por Teresa Aranguren

 Exculpar a Israel, por Teresa Aranguren, en Otras miradas, Público, 19/10/23

"Parece que ha sido el otro equipo, no tú", le dice Joe Biden a un Benjamín Netanyahu con cara de pocos amigos. El presidente estadounidense luce una sonrisilla de conejo que desentona bastante con la gravedad del tema y del momento; tanto da que hable de bebés decapitados repitiendo un bulo que su equipo de la Casa Blanca se vio forzado a desmentir a las pocas horas, como que se apunte al "yo no he sido" del gobierno israelí al día siguiente del bombardeo del hospital Al-Ahli en la ciudad de Gaza, la sonrisilla de conejo permanece fijada a la cara del Sr. Presidente como una máscara de Halloween. Y la verdad resulta bastante irritante. Por no decir obscena.

Cuando las terribles escenas de los cuerpos desmembrados, los cadáveres carbonizados,  los lamentos de los heridos, el horror en la mirada de los niños, el desconsuelo de las madres que abrazan, en un último e inútil esfuerzo de protección, el cuerpo sin vida de su bebé, cuando los gritos de los supervivientes y la desolación en el rostro de los médicos que siguen intentando, pese a todo, paliar el dolor que les rodea,  inundan las pantallas de las televisiones y recorren  las redes sociales, las palabras del presidente estadounidense nada más llegar a la región no son de condena, ni siquiera de compasión, son para exculpar a Israel del atroz crimen que ha provocado un clamor de indignación en el mundo árabe y en gran parte de la opinión pública occidental. Así que ahora la tarea es exculpar a Israel.

Por eso conviene recordar que apenas media hora antes del bombardeo del hospital Al-Ahli, una de las escuelas de la UNRWA en el campo de refugiados Al-Magahaz donde cientos de familias habían buscado refugio, también fue bombardeada por Israel, hubo seis muertos y decenas de heridos, una cifra que comparada con las más de quinientas víctimas mortales del ataque al hospital parece irrelevante. Pero no lo es.  El ataque a la escuela de la UNRWA, práctica por lo demás habitual en las anteriores ofensivas israelíes, es crimen de guerra, como lo es disparar contra las ambulancias, más de 20 en estos días, matar a trabajadores humanitarios, 14 empleados de UNRWA muertos, a periodistas, 17 informadores locales muertos, o impedir la entrada de agua, combustible, suministro eléctrico, alimentos y material sanitario a más de dos millones de personas cercadas en una franja de 365 kilómetros cuadrados entre el mar y la valla que separa a Gaza de territorio israelí.

Pero ahora, al parecer, la cuestión clave es determinar quién disparó el misil que provocó la matanza en el hospital Al-Ahli y, dado que ni la versión israelí ni la de Hamás son fiables, habrá que esperar el dictamen de una comisión independiente que investigue sobre el terreno lo sucedido. O sea, cuestión como mínimo de meses, ya que lo más probable, a juzgar por experiencias anteriores, es que Israel no permita la entrada de ningún equipo investigador en el territorio de la Franja o lo dilate tanto que al final la comisión no tenga sentido.
Un ejemplo muy ilustrativo: lo ocurrido en abril del 2002 durante la operación militar "Cinturón defensivo", en la que el ejército israelí ocupó de nuevo las ciudades de Cisjordania, entre ellas el campo de refugiados de Jenin que durante tres semanas fue bombardeado mientras la población permanecía sometida a toque de queda sin siquiera poder socorrer a los heridos que se desangraban en las calles. Cuando los primeros periodistas llegamos allí, los habitantes del campamento escarbaban la tierra sacando cadáveres con las manos, ya que el ejército israelí aún impedía el acceso por carretera a los convoyes con material de rescate y ayuda humanitaria.  El número de muertos, según Israel, no llegaba a los 30, según los supervivientes se contaba en centenares. De modo que el 19 de abril de 2002, un día después de la salida del ejército israelí del devastado campamento, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1405 en la que se pedía al Secretario General que formase un equipo de "clarificación de los hechos".

El 22 de abril, Kofi Annan presentó el equipo que estaba encabezado por el finlandés Mati Ahtisaari. El equipo se reunió en Ginebra con la intención de salir hacia Jenin el 25 de abril.

El gobierno israelí rechazó esa fecha. La salida del equipo se pospuso al 27 de abril.
El día 27, Israel presentó una nueva serie de alegaciones, entre ellas que el tema tenía que ser debatido en la reunión del Comité Ministerial de Seguridad Nacional de su gobierno que, dado que comenzaba el Sabbat, no tendría lugar hasta el 30 de abril.

El 30 de abril el Comité Ministerial para la Seguridad Nacional de Israel emitió el siguiente comunicado: "Israel ha presentado a Naciones Unidas una serie de cuestiones esenciales que requieren ser examinadas detenidamente. En tanto estas cuestiones no se hayan resuelto el equipo de clarificación de los hechos no podrá iniciar su trabajo". El 3 de mayo el equipo que nunca llegó a Jenin fue desmantelado.

Otro ejemplo más reciente es el del asesinato de la corresponsal de Al Jazeera, la periodista palestino-estadounidense Shereen Abu Akleh cuando cubría una incursión del ejército israelí en Jenin. Pese a que los testimonios de los testigos no dejaban lugar a dudas sobre cómo se produjeron los hechos, se tardó casi un año en dictaminar que el autor del disparo mortal había sido un soldado israelí y no milicianos palestinos como Israel alegaba. Para entonces el caso había dejado de ser noticia en los medios.

Un viejo y conocido truco de la manipulación informativa consiste en demorar al máximo el impacto de una noticia negativa para nuestros intereses. Y un modo de demorar ese impacto es primero negar la veracidad de la noticia y cuando eso sea imposible sembrar dudas sobre la autoría del hecho.  Así durante un tiempo la noticia por muy estremecedora que sea quedará en suspenso a la espera de un hipotético futuro dictamen que difícilmente, debido al paso del tiempo, podrá incidir en la realidad en la que los hechos sucedieron.

De modo que no soy muy optimista respecto a la eficacia de una futura comisión independiente, aunque sí creo que hay que exigirla y luchar por ella y forzar a las partes, especialmente a quien tiene poder para boicotearla, en este caso sin duda Israel, a respetar su trabajo y sus conclusiones. Pero no hay que delegar todo en ella. No existe solo la versión de Israel y la de Hamás. Están los testimonios de los supervivientes que pueden examinar los restos del proyectil y determinar si es un misil o un cohete y si la capacidad destructiva del arma empleada se corresponde con uno u otro. Y están sobre todo las circunstancias que acompañaron el ataque.

La misma tarde en la que iba a tener lugar el bombardeo del hospital en la ciudad de Gaza, el ejército israelí había lanzado varias advertencias anunciando que iban a bombardear el hospital Al-Ahli y que este debía ser evacuado inmediatamente. Los médicos y todo el personal sanitario, esos héroes silenciosos que al borde de la extenuación siguen haciendo su trabajo, intentando paliar el horror, rechazaron un ultimátum imposible de cumplir sin poner en riesgo extremo la vida de sus enfermos y sin abandonar a todas las personas que habían buscado refugio en el recinto hospitalario.  El ataque tuvo lugar a las siete de la tarde, hora de Gaza.

Quizás la amenaza que precedió al bombardeo no sea prueba suficiente, pero es un indicio bastante claro. Y es, por sí misma, un crimen.

Artículo completo en Otras miradas


Gaza vive: en esta tierra hay algo que merece vivir


Teresa Aranguren, infoLibre 11 de octubre de 2023

Gaza no siempre fue ese escenario de devastación y pobreza que desde hace décadas vemos en las noticias. A finales del XIX y en la primera mitad del siglo XX, era el lugar que  muchas familias de la burguesía palestina elegían para pasar las vacaciones de verano. Con sus magníficas playas, su clima cálido y su cercanía con Egipto, Gaza era un lugar con atractivo “turístico” antes de que el turismo deviniese fenómeno social, un lugar ideal para solaz y reposo de las clases acomodadas de una sociedad tradicional, en proceso de modernización. Hasta 1948, cuando las milicias armadas del movimiento sionista, ejército israelí a partir de la creación del Estado, llevaron a cabo la gran operación de limpieza étnica en la que cerca de un millón de palestinos fueron expulsados de su tierra. Al territorio de Gaza llegaron entonces decenas de miles de desplazados, sobre todo de la región de Yafa y de Bersheva, el primer campo de refugiados palestinos se estableció en una de sus playas. Setenta y cinco años después, ahí sigue.  En torno al 70% de la población actual de la Franja, más de dos millones de personas en un territorio de 10 kilómetros de ancho por 40 de largo, son refugiados del 48 y sus descendientes. Gaza ostenta el récord de mayor densidad demográfica del mundo, también el de un altísimo nivel de paro, supera el 40%, dos tercios de su población vive por debajo del umbral de la pobreza y precisa de la ayuda de la UNRWA, Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, para subsistir.

Hace 16 años, Dev Weiglass, asesor del entonces Primer Ministro Ariel Sharon, dijo refiriéndose a la población de Gaza: “No les mataremos de hambre pero les vamos a someter a una dieta tan reducida que van a quedar muy delgaditos”. El cinismo de la frase resulta obsceno y no oculta la brutalidad del mensaje. El Sr Weiglass estaba anunciando el bloqueo sobre Gaza. Y la lenta agonía a la que condenaba a sus habitantes. Toda posibilidad de desarrollo económico, incluida la modesta pero exitosa industria del cultivo de flores, frutas y verduras que había sido básica para la economía de la Franja, toda iniciativa empresarial, cultural, artística, deportiva y profesional, todo proyecto vital, quedó aplastado entre los límites de un encierro inhumano.  

Gaza es una gran cárcel a cielo abierto sometida periódicamente a incursiones y bombardeos masivos del ejército israelí:  Lluvias de verano,  2006, Plomo fundido, 2008, Pilar Defensivo, 2012, Margen Protector, 2014,  son los nombres de algunas de las operaciones militares israelíes contra Gaza. En el lenguaje de la potencia ocupante –el lenguaje israelí, que suele ser el de los medios de comunicación occidentales–, son operaciones contra “los terroristas de Hamás”, en la realidad son operaciones de castigo contra la población de Gaza, bastaría ver el número de víctimas civiles, incluida la atroz cifra de niños muertos, para que ese lenguaje tramposo del ocupante dejase de ser el lenguaje habitual en nuestros medios. 
Pese a todo, en Gaza hay maestros que se empeñan en transmitir no solo conocimientos sino algo de seguridad a sus alumnos, médicos que se dejan la vida intentando curar, en medio del estruendo de las bombas, los apagones eléctricos y la carencia de medicamentos, a un enfermo de cáncer o salvar la vida del joven herido que llega desangrándose en brazos de sus amigos, en Gaza hay músicos, grupos de rap, pintores, escritores y poetas y jóvenes que  juegan al futbol o estudian ciencias empresariales soñando que algún día podrán moverse libremente por su tierra y por el mundo.  Pese todo, en Gaza hay vida. 

El horror que todos, los miembros de Hamás en primer lugar, sabemos que va a caer en las próximas semanas sobre las gentes de Gaza, cuenta con la luz verde de Estados Unidos, la impotencia del mundo árabe y la hipócrita pasividad de la Unión Europea
Hace cinco años, en la primavera de  2018, comenzaron las llamadas marchas del retorno, una iniciativa pacífica en la que miles de personas, jóvenes, ancianos, mujeres, hombres, familias enteras, se aproximaron caminando hasta la línea fronteriza con Israel, para reclamar su derecho al retorno. Desarmados y enarbolando banderas palestinas, los manifestantes llegaron a pocos metros de la alambrada que separa Gaza de la llamada tierra de nadie, una zona requisada a sus propietarios palestinos, vaciada de vegetación y edificios y convertida en franja de seguridad donde el ejército israelí patrulla y vigila todo movimiento al otro lado de la valla. Un viernes, 30 de marzo, Día de la Tierra Palestina, tuvo lugar aquella primera marcha con un aire casi festivo, como de romería; al otro lado, protegidos por un gran talud de tierra, se apostaban francotiradores del ejército israelí que dispararon contra los manifestantes, hubo 17 muertos y más de un centenar de heridos, pero las marchas del retorno se mantuvieron, cada viernes, a lo largo de todo un año. Gentes desarmadas frente a los cuerpos de élite de uno de los ejércitos más poderosos del mundo. A final de año el número de víctimas era de 312 muertos, entre ellos varios médicos, periodistas, fotógrafos, una joven enfermera que empujaba la silla de ruedas de un inválido y el inválido al que la enfermera cuidaba y 59 niños, hubo 29.000 heridos, la mayoría con graves amputaciones, entre ellos 3.565 niños, 1.168 mujeres y 104 ancianos. Todos fueron abatidos en territorio de Gaza, en tierra palestina. No hubo ningún soldado israelí herido. Tampoco hubo condena internacional o algo parecido a más una sanción contra Israel. Disparar contra civiles desarmados no es crimen de guerra si la Comunidad Internacional, ese eufemismo con el que nos referimos sin señalar a EEUU y a la UE, decide no verlo. Y no juzgarlo.

En realidad, las marchas del retorno no pretendían cruzar la valla sino aproximarse a ella y gritar al mundo "¡aquí estamos, somos los hijos y los nietos de quienes fueron expulsados de sus casas hace 70 años, no hemos olvidado, no dejaremos que nos olvidéis!". Ese mensaje tantas veces ignorado no es muy distinto al que en estos días han lanzado las milicias de Hamás con su atroz ataque en territorio israelí. El método es el opuesto pero el mensaje es similar, un amigo palestino me lo ha descrito así : “Podéis matarnos pero seguimos vivos y también podemos matar. Ese es el mensaje”.
Matar civiles siempre es un crimen y el letal ataque de Hamás en territorio israelí con más de  un millar de israelíes muertos, es sin duda una acción criminal, tan criminal como la muerte de cientos de miles de civiles en la invasión estadounidense de Irak o como los ataques que periódicamente Israel lanza sobre Gaza con utilización de armas prohibidas como las bombas de fósforo blanco que al parecer el ejército israelí está utilizando de nuevo  en sus bombardeos de respuesta al ataque de Hamás.  La diferencia es que en el primer caso hay condena internacional y castigo, en el caso de Israel y por supuesto en el de EEUU, la norma es la impunidad, la complicidad y la ceguera. El periodista israelí Gideon Levi, una de las pocas pero valiosísimas voces que en Israel denuncian la brutalidad cotidiana de la ocupación, ha tenido el coraje, y hace falta mucho coraje para decir lo que ha dicho en estos días de fuego y furia, de denunciar la ceguera de la sociedad israelí frente a las atrocidades que su ejército lleva a cabo a diario en los territorios palestinos.      
“Pensábamos que se nos permitía hacer cualquier cosa, que nunca pagaríamos un precio ni seríamos castigados por ello.  Arrestamos, matamos, maltratamos, robamos, protegemos a colonos masacradores, disparamos a personas inocentes, les arrancamos los ojos y les destrozamos la cara, los deportamos, confiscamos sus tierras, los saqueamos, los secuestramos de sus camas y llevamos a cabo una limpieza étnica...

 Pensábamos que podíamos seguir rechazando con arrogancia cualquier intento de solución política, simplemente porque no nos convenía emprenderla, y que todo seguiría así para siempre. Y una vez más resultó que no era así. Varios cientos de militantes palestinos traspasaron la valla e invadieron Israel de una manera que ningún israelí podría haber imaginado.  Unos cientos de combatientes palestinos han demostrado que es imposible encarcelar a dos millones de personas para siempre sin pagar un alto precio”. *
El precio sin embargo no sólo lo está pagando Israel, el precio en forma de bombardeos masivos y el asedio total que incluye el corte de suministro eléctrico, gas, agua, material sanitario, medicamentos y alimentos, lo paga también la población de Gaza. Y será un precio mucho más alto. El bloqueo absoluto que el ministro de Defensa israelí, Yoav Galant, anunció horas después de conocerse la dimensión del ataque de Hamás es claramente una estrategia de exterminio. El horror que todos, los miembros de Hamás en primer lugar, sabemos que va a caer en las próximas semanas sobre las gentes de Gaza, cuenta con la luz verde de Estados Unidos, la impotencia del mundo árabe y la hipócrita pasividad de la Unión Europea. La población de Gaza va a ser masacrada una vez más ante los ojos del mundo. Y no pasará nada. La atrocidad del ataque de Hamás refuerza la habitual impunidad de Israel y alienta las voces que piden o exigen la destrucción de Gaza.  
En estos días, un tertuliano muy próximo a las tesis israelíes y cuyo nombre prefiero olvidar, afirmaba con bastante contundencia que Gaza va a desaparecer; luego –quizás consciente de la brutalidad de su frase– ha matizado: "bueno, Gaza tal como la conocemos ahora va a desaparecer". Estoy casi segura de que el tertuliano cuyo nombre prefiero olvidar nunca ha estado en Gaza ni conoce a nadie ni nada de este pequeño rincón en el extremo oriental del  mediterráneo, si no, sabría o debería saber que las gentes de Gaza tienen una impresionante fortaleza, que son capaces  de resistir las calamidades de la vida sin quebrarse y que a veces hacen chistes de su desgracia y de la brutalidad de los soldados de la ocupación y suelen ser siempre amables con el forastero y hasta son capaces de reír al verse vivos después del bombardeo porque pese a todo, como dice el verso del gran poeta palestino Mahmud Darwish,

“en esta tierra hay algo que merece vivir”. 



martes, 28 de febrero de 2023

GRUPOS JUDÍOS DE TODO EL MUNDO APLAUDEN A LA ALCALDESA DE BARCELONA ADA COLAU

 

El colectivo judío internacional por la justicia en Palestina (IJCJP, por sus siglas en inglés) lo componen grupos y personas judías procedentes de quince países. Desde numerosas ciudades de todo el mundo, sus adherentes celebran la decisión de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, de interrumpir las relaciones con Israel hasta que todas las personas de Israel/Palestina disfruten plenamente de sus derechos, su seguridad y su autodeterminación.
 
Las ciudades son actores esenciales de la justicia social, pues son el centro de nuestra vida cotidiana. Personas de todas las etnias e identidades comparten las calles, las escuelas, los autobuses, la cultura y los acontecimientos de nuestras ciudades. Creamos lazos, nos ayudamos mutuamente en caso de necesidad y con nuestra diversidad enriquecemos la vida urbana.
 
No sucede así en Israel, donde el apartheid reparte los derechos, el espacio, los servicios públicos, la protección, la justicia y las perspectivas de vida según criterios étnicos.
Mientras que las ciudades de Israel no sean compartidas, no debemos normalizar la violencia estructural del apartheid. Agradecemos a la alcaldesa y los ciudadanos de Barcelona que se hayan negado a no querer ver abusos que no tolerarían en sus propias calles. Gracias a acciones basadas en principios como los de Barcelona, podemos exigir un cambio.
 
Nos entristece constatar que la alcaldesa Colau haya sido atacada por haber apoyado derechos humanos y políticos universales. El principio de que todos los miembros de la sociedad deban vivir con arreglo a una única e idéntica ley es al mismo tiempo una enseñanza tradicional judía y un pilar de la justicia laica. Nos sentimos solidarios de los barceloneses que han actuado para hacerlo respetar.
 
El ejemplo de Barcelona nos llama a redoblar esfuerzos a escala local para que nuevas ciudades defiendan la justicia.
 
Signatarios:
International Jewish Collective for Justice in Palestine
Alternative Jewish Voices of Aotearoa New Zeland
South African Jews for a Free Palestine (SAJFP)
Jews Say No, US
Jewish Voice for a Just Peace in the Middle East, Germany
Zochrot, Israel
International Jewish Anti-Zionist Network (IJAN), Argentina
International Jewish Anti-Zionist Network (IJAN), España
Boycott from Within  (Israeli Citizens for BDS)
UJFP (French Jewish Peace Union)
Jewish Network for Palestine (JNP), Reino Unido
Jewish Voice for Peace, US
Jews 4 Palestine-Ireland
Independent Jewish Voices, Canadá
Jews Against the Occupation, Australia
Jewish Voice for Labour (Reino Unido)
Texto completo en BDS France

domingo, 1 de diciembre de 2013

La normalización es más Ocupación




 La Asociación de Editores de Libro Político Contrabandos ha querido sumar su voz a la de quienes han puesto de manifiesto el error de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara al nombrar a Israel país invitado de honor en 2013.

Sabido es que el Estado israelí, contraviniendo la legislación internacional, mantiene en una situación de bloqueo absoluto a la población de Gaza, no cesa de construir colonias y muros de separación en los Territorios Ocupados y mantiene a cientos de palestinos, incluso niños, en sus cárceles, sin las debidas garantías jurídicas.

Palestina vive quiere sumarse a las iniciativas que ha habido en México para denunciar la ausencia de la producción intelectual palestina en la FIL y recordar que el activismo internacional por Palestina es un instrumento fundamental para desenmascarar la lógica perversa de la ocupación-normalización. 


El libro puede descargarse en formato e-book en Contrabandos



 LA NORMALIZACIÓN ES MÁS OCUPACIÓN


La Ocupación israelí de Palestina tiene un aliado estratégico en las políticas de normalización cuidadosamente diseñadas por el Gobierno de Israel. La normalización pretende borrar la historia, el derecho internacional y la noción misma de justicia para consumar a nivel internacional el estado de cosas interno: Israel es la sola realidad, y los palestinos, si acaso, un apéndice molesto, y con fecha de caducidad. La voracidad de los colonos y la creciente agresividad del apartheid se encargarán de ello. De legislar para que así sea ya se ocupa el Gobierno, el actual, el anterior y el que venga. Tal es la lógica israelí: cuestión de tiempo y Palestina será una palabra proscrita. Ya alertaba de ello Mahmud Darwish, que no sin sorna corregía al que le llamaba “poeta palestino”, y se reclamaba “poeta de Palestina”.

En el terreno de la cultura, uno de los últimos episodios de esta normalización impune es la Feria Internacional del Libro que se celebra en Guadalajara (México) del 30 de noviembre al 8 de diciembre de 2013. Se trata del mayor evento económico y promocional del mercado editorial en lengua española, y uno de los mejores escaparates de la cultura iberoamericana. El país invitado de honor en esta ocasión ha sido Israel, al que, según reza la información oficial, se le franquean las puertas para que muestre lo mejor de su producción intelectual de la mano de sus escritores, editores, investigadores y artistas. Ni una mención a Palestina, por supuesto, pero ni una sola referencia tampoco a los palestinos, ni a los del Interior, el 20 % de la población israelí, ni mucho menos a los que viven bajo el régimen de Ocupación en Cisjordania, Jerusalén Este o Gaza. Porque es sabido que la “marca Israel” presenta la cultura y la democracia israelíes como un oasis de civilidad en medio de la barbarie oriental. Palestina vive quiere sumarse a las iniciativas que ha habido en México para denunciar esta ausencia de la producción intelectual palestina en la FIL. Quiere con ello recordar que el activismo internacional por Palestina es un instrumento fundamental para desenmascarar la lógica perversa de la ocupación-normalización.  Los testimonios de Rachel Corrie y Vittorio Arrigoni recogidos en estas páginas son, por desgracia, tan actuales como su propia lucha.

Pero además, y sobre todo,
Palestina vive quiere mostrar cómo dentro de la sociedad palestina la lucha contra la Ocupación y por la consecución de una resolución justa del conflicto viene desarrollando su propia dinámica intelectual y cultural. El año 2005 supuso un importante punto de inflexión. Fue entonces cuando más de un centenar de asociaciones cívicas, sindicatos y grupos palestinos de diversas tendencias lanzaron la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) para canalizar la presión interior y exterior contra Israel, siguiendo el modelo de la campaña internacional contra el régimen segregacionista de Sudáfrica. El BDS ya está teniendo sus consecuencias en el ámbito sindical, empresarial, académico y cultural europeo, también en España. A su vez, a nivel interno palestino, es notorio cómo la campaña del BDS ha facilitado la incorporación a la lucha contra la Ocupación de sectores de la sociedad tradicionalmente marginados. Haneen Maikei, en una certera entrevista que reproducimos, da cuenta de cómo se ha producido esta evolución entre los grupos LGBT, lo cual refleja la vitalidad de los debates políticos e intelectuales palestinos en marcha. Igualmente vibrante es la cuestión de la futura configuración estatal, que Edward Said replanteó en 1999 con su reflexión sobre la necesidad de actualizar la idea binacional. Hoy, bien muerto y enterrado Oslo, el Estado binacional concita el interés tanto de los palestinos israelíes como de la diáspora, aunque suscita más dudas entre quienes viven día a día la Ocupación y cifran en la solución de los dos Estados su futuro. Todo ello está cambiando, y Mustaphá Barghouthi así lo discute con Eric Hazan en el diálogo aquí recogido.     

Por último, y no con menor interés,
Palestina vive  también quiere asomarse a la creación literaria palestina. Los autores que se recogen en esta selección hablan de la injusticia, de la guerra, del absurdo y de las formas de resistir y elevarse. Hablan de Palestina, y ya se sabe que sólo existe lo que se nombra.

Luz Gómez García